Posteado por: josewasinger | 24 marzo, 2010

Prescott, “Historia de la conquista de Perú”

Hace unos años, descubrí en el barrio de Belgrano, zona norte de la ciudad de Buenos Aires, una librería de libros pasados de moda. Repasando los títulos de los ejemplares en las estanterías mis ojos dieron con la “Historia de la conquista de Perú” de Guillermo Prescott publicada por la editorial Suma. Asombrado, resolví volver a los días para comprarlo, en ese momento mis bolsillos sólo acumulaban peluzas. Había leido sobre la gran importancia de este libro para los comienzos de la historiografía andina. Si saltamos varios años, hoy retornaba con el ferrocarril acompañado de “7 noches”, el libro de Borges que reune sus conferencias de fines de los ´70. En el capítulo dedicado a la ceguera (enfermedad sufrida  durante décadas por el maestro de la literatura), descubrí la mención a  Prescott y  la importancia de  esta limitación (y “don” para Borges) en su magnífica producción: “El bostoniano y aristocrático Prescott fue ayudado por su mujer. Un accidente, cuando era estudiante de Harvard, le hizo perder un ojo y quedar casi ciego del otro. Decidió que su vida estaría dedicada a la litaratura. Estudió, aprendió las literaturas de Inglaterra, Francia, Italia, España. La España imperial le hizo dar con su mundo, el que convenía a su rígido rechazo de los días republicanos. De erudito se convirtió en escritor, y a su mujer, que le leía, le dictó las historias de la conquista de México y del Perú, del reinado de los Reyes Católicos y de Felipe II. Fue una tarea feliz, casi impecable, que le demandó más de veinte años.”

La “historia de la conquista de Perú” pertenece sin duda alguna a la historiografía erudita del siglo XIX, pero este hecho personal de la ceguera sobredimensiona el valor de su producción. Pensemos que la historiografía erudita se basa en el apego documental, a la necesidad de constantes citas de las fuentes. Por tanto, podemos deducir por un lado algo trivial, la gran paciencia de su mujer en leerle los numerosos documentos citados en cada capítulo, por el otro que sus límitaciones  dadas por la vida lo llevó a que reflexionara lo que escuchaba y luego lo reelaboraba y dictaba. Esta es quizás la clave de la trascendencia de su obra, la reflexión. La historiografía erudita en su afán de la objetividad temía y era reacia a meditar la historia. Muchos libros de historia erudita han  caducado totalmente. Sin embargo, esta “historia de la conquista de Perú”, aunque presenta posiciones anticuadas, continúa su vigencia en las semejanzas que tiene con muchos libros recientes sobre el imperio inca y la conquista de Pizarro.

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